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Decreto por El Cual se Funda Ciudad del Este

En el valle del X Departamento de Alto Paraná en el extremo Este de la carretera Asunción-Cnel. Oviedo-Río Paraná a los tres días del mes de Febrero del año 1957, el señor Edgar L. Ynsfran, Ministro Secretario de Estado de la Cartera del Interior, por ante mi Escribano Mayor de gobierno en presencia de vecinos y acompañantes dijo: Que ha venido a este acto a fundar una ciudad cumpliendo con el mandato conferido por Decreto N9 24.634 de fecha 28 dc Enero del año corriente, y que a continuación lee, pidiéndose sea trascripto en esta acta, lo cual se hace:

Asunción, enero 28 de 1957

VISTO: La necesidad de fundar una ciudad en el extremo territorial del camino internacional que unirá nuestra República con la de los EE.UU. del Brasil, y CONSIDERANDO: Que la buena administración del país obliga a prever el desarrollo de Caaguazú y Alto Paraná regiones por las que cruza la Ruta Internacional; que el extremo de dicha Ruta en su embocadura con el futuro Puente Internacional estará situado al norte de la actual localidad de Puerto Pte. Franco; que por tales circunstancias se hace indispensable la fundación de una localidad con los recursos adecuados para su futuro desenvolvimiento, que sea punto de concentración de las posibilidades regionales, lindero de la ruta internacional y medio de vinculación permanente con la vecina República de los EEUU del Brasil; que los Artículos 51 y 56 de la Constitución Nacional autorizan al Poder Ejecutivo a promover los medios que coadyuden a mejorar la administración del país y a adoptar planes de redistnbución de las poblaciones actuales

El Presidente de la República del Paraguay

DECRETA

Art. la.- Encomiéndase al Ministerio del Interior la fundación de una ciudad.

Art. 22.-Facúltase a la citada Secretaría de Estado a arbitrar los medios necesarios para el cumplimiento de la misión encomendgdale por el presente decreto.

Art. 3Q•~ Comuníquese, publíquese y dése al registro oficial.

Alfredo Stroessner

Edgar L. Ynsfran
Y agrega cl Señor Ministro: que el lugar elegido es el más apropiado para los fines que impulsaron al Superior Gobierno de la Nación a promover la fundación de una ciudad, por ser cabecera del puente que empalmará la carretera Asunción-Cnel. Oviedo-río Paraná, con el camino hacia el atlántico por territorio de la hermana República de los EE.UU. del Brasil, a la que nos une la identidad de aspiraciones del ideal americanista y nuestros comunes destinos.

Que esta nueva ciudad desde hoy y para siempre, identificará nuestras relaciones dc pueblos hermanos, convirtiéndose en un lugar de reposo en nuestro tránsito hacia el océano, y en emporio de riquezas y progresos para los que lleguen a habitarla.

Y por tal virtud del poder que tiene para ello, viene a colocar la piedra fundamental que ha de ser el centro de la ciudad y de la estrella que irradiará a toda la rosa de los vientos, marcando la dirección de su progreso.

Y siendo necesario fijar el nombre de la ciudad que nace a la vida bajo tan brillantes auspicios, oído el parecer de todos los presentes en este acto, dijo: que desde hoy en adelante y para siempre se llame y nombre esta ciudad “Presidente Stroessner”, como reconocimiento de su pueblo al estadista bajo cuyo gobierno ha sido posible el trazado y realización de esta ruta, y que así se ponga en todas las actas y escrituras que se hicieran; y agrega que el pueblo del Paraguay, ha nacido a la vida civilizada bajo la égida de la religión católica y romana, tiene en todos y cada uno de sus pueblos, villas y ciudades, la protección de un patrono, por ello, a tono con esta tradición, funda la ciudad bajo la advocación de San Blas, Patrono del Paraguay, y de hoy en más patrono de esta ciudad.

Y considerando la necesidad de constituir las autoridades que deben encargarse de proveer los medios y recursos necesarios para el desenvolvimiento de la ciudad que hoy se funda, viene a nombrarlas haciéndolo del siguiente modo: Gral. Dr. César Gagiiardone, representante de la Presidencia de la República Gral. Milciades Ramos Giménez, representantes de las FF.AA. de la Nación; Sr. NoeI Lefebvre, representantes del Ministerio del Interior, y, Sr. Aníbal R. Martínez, representante del Instituto de Reforma Agraria, quienes tendrán a su cargo la planificación de la ciudad y la distribución de las tierras adyacentes así como de la custodia de la misma.

Agrega el Sr. Ministro: que en nombre del Poder Ejecutivo, deja constancia de su agradecimiento a las personas nombradas, por el entusiasmo y dedicación puestos de manifiesto en los trabajos previos a este acto.

En fe de todo lo actuado, firman todos los presentes, por ante mí, que certifico, en el lugar y fecha ya citados y para que conste en todo tiempo esta voluntad, un ejemplar de este documento se encerrará dentro de la piedra que hoy colocamos y otro será la primera página del Libro de Actas de la Comuna de la ciudad Puerto Presidente Stroessner.

FIRMAN:
Edgar L. Ynsfran - Gral. César Gagliardone - Gral. Milciades Ramos Giménez - Noei Lefebvre - Aníbal R. Martínez - Tomás Romero Pereira - Raúl Sapena Pastor - Gral. César Barrientos - Fabio Da Silva - Enrique Zacarías Aria
- Ezequiel González Alsina - Gral. Marcial Samaniego - Monseñor Luigi Punzolo - Embajador Joao Luis de Guimaraes - J. Augusto Saldívar - Waldino Ramón Lovera - Jorge López Moreira - Padre Arnaldo Lévera - Olimpio de Sa lavares - Benigno López Camperchioli - Andrés Doldán - Angel Zarza -Toribio Dfaz - Edmundo Prieto - Cnel. Heliodoro Arce - Padre Esteban Zaldívar
- Oscar Barcena Echeveste - Efraín Alderete - Carlos Miranda - David Sarubbi
- Eduardo San Martín - Rogelio Ocampos - Cap. de Navío Tomás Galeano -Mario R. González - Germán Ayala - Nicolás Zucolillo Abondante - Antonio Achón - José V. Soloaga - Gerardo Herlbum - Pedro Ishibachi - Mauricio Chensiski - Víctor Carugatti - siguen firmas.
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Imagen
La Fundacion de Ciudad del Este el redivivo San Francisco del Mbyasa

En las postrimerías de 1956, el Ministro del Interior, en conversaciones mantenidas con el Presidente de la República, sugirió la necesidad de concretar la fundación de una ciudad, al término del camino que estaba avanzando hacia las barrancas del Paraná. El Gobierno alentó y apoyó decididamente aquella idea. Los pormenores de su lenta y ardorosa gestación es lo que se brinda hoy en esta versión testimonial.

“El 3 de febrero de 1957, por la escarpada barranca del Paraná, un puñado de hombres repechaba un sendero que llegaba hasta la cima, en un claro recién abierto en el bosque, para asistir a la ceremonia de fundación de una ciudad”.

“Estimulados por el fresco de la mañana y por la conciencia de aquel acto trascendente, se cantó con unción el Himno Nacional, mientras se izaba la bandera al tope de una enhiesta tacuara. Una improvisada cruz confeccionada con maderos del bosquecillo más cercano sirvió para que Monseñor Luis Púnzolo, representante de S.S. Pío XII, impartiera la bendición del lugar. Una pequeña tropa militar daba marcialidad a aquella ceremonia, cumplida según el rito de las antiguas tradiciones españolas”. (58)

En tubo de bronce, el pergamino del Acta fundacional, firmado por los presentes, fue depositado en el bloque preparado para el efecto. Bajo la advocación de San Blas, Patrono del Paraguay, la última gran fundación asuncena se habla concretado. Con el rcdivio San Francisco dcl Mbyasá, una nueva esperanza amanecía en el alba de la patria.

La ceremonia de la fundación era solo un episodio del amplio espectro socioeconómico y geopolítico que abarcaba aquel acto y cuyas proyecciones tuvieron gran trascendencia nacional. La visión e intuición geopolítica de la fundación no puede discutirse. Si el desarrollo explosivo de la región del Alto Paraná, que fue su consecuencia, no pudo ser acertadamente dirigido y controlado y produjo graves devastaciones ecológicas como se afirma y lamentamos, ello es tema de análisis para otro momento y debe ser seriamente abordado por el gobierno nacional.

Pero sin duda el fenómeno de su vertiginoso crecimiento es casi único en la historia y pocos fundadores han tenido el privilegio de ver afianzada su obra en menos de un cuarto de siglo, como ocurrió con nuestra ciudad.

Como hemos visto, desde lejos, en la historia, muchos fantasmas lo hablan impulsado. El rendido homenaje de la patria debe abarcar a todos: a los que lo soñaron e intentaron antes y a los que lo hicieron posible entonces y lo siguen haciendo hoy.
Julia Velilla Laconich Edgar L. Ynsfrán
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Cómo nace la idea de la fundación

Entre las obras realizadas en el país durante el período de su participación en el Gobierno, quizá la creación de Puerto Presidente Stroessner sea la más ligada, en el recuerdo, con el nombre de usted. ¿Cómo surgió la idea de fundar una ciudad a orillas del Paraná?



la idea surgió a raíz de hechos que al principio nada tuvieron que ver con ella. El año 1956 había sido, de muy intensas e inquietantes acciones políticas concertadas como agresión al Gobierno y llevadas a cabo en forma tal, que habían puesto en alerta a todo el sistema de seguridad de nuestras fronteras orientales. Con este motivo, hacia mediados de ese año, el Presidente Stroessner me sugirió que hiciera un viaje de reconocimiento aéreo sobre el Alto Paraná. Tomarnos entonces con el Comandante Leo Novak, uno de los dos viejos “Catalina” que tenía nuestra Aeronáutica Militar y volamos directamente de Asunción hacia el Este, aprovechando el viaje para observar también los trabajos del camino que ya empezaba a abrirse en dirección oeste-este, trazado por la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña, que debía llegar hasta la barranca del río Paraná.

Recuerdo la profunda impresión recibida en ese primer encuentro con la inmensidad de los bosques, que se ofrecían a nuestra vista apenas pasado Coronel Oviedo y que no paraban hasta la línea irregular, divisada mucho
después, del río que nos separa de Brasil. Dimos una vuelta sobre las cataratas dcl Yguazú y luego volamos con rumbo sur-sur oeste, bordeando, a una altura relativamente baja, las riberas del Paraná. De esa manera pude observar la ubicación dc las localidades que venían apareciendo continuamente en las informaciones recogidas por nuestro servicio de inteligencia: El Dorado, Pirai, Pirapo, Carlos A. López y tantas otras. Llegamos así hasta Encarnación, donde acuatizamos. Luego dc desembarcar y compartir unos momentos con las autoridades de Encarnación que nos aguardaban, volvimos a partir rumbo a Asunción.

Ese vuelo influyó en mi de manera singular. Fue una viva lección de geografía y también de geopolítica, que evocaba además, en mi mente, la ensoñación de la vieja quimera de toda nuestra generación y de generaciones anteriores: encontrar para el país, otra salida al mar, a fin de poder contar con una alternativa, ante la única posibilidad que hasta entonces teníamos. Nuestro comercio exterior sufría todos los inconvenientes del obligado paso por el puerto dc Buenos Aires: no sólo las dificultades creadas por la necesidad de transbordos, sino también los precios exorbitantes que eran exigidos para el transpone fluvial -en manos, primero, de la Compañia Mihanovich y luego de la Compañía Fluvial Argentina- que llegaban a ser tres veces más elevados que cl flete dc Buenos Aires a puertos europeos o norteamericanos. Aquel vuelo, pues, fue cl antecedente de la anticipada concepción de la nueva ciudad, sueño que se veía estimulado por el avance del camino hacia Brasil. Este trabajo fue emprendido con evidente entusiasmo y capacidad por nuestro Comando de Ingeniería, cuerpo cuyo personal y equipo hablan sido puestos a disposición de la comisión Mixta Paraguayo-Brasileña.

En octubre de ese mismo año -creo que en los primeros días del mes-fuimos invitados por el Delegado de Gobierno de Caaguazú, Fabio Gaona Fleitas, con motivo de la función patronal de Coronel Oviedo, para que viéramos los trabajos del camino que avanzaba rumbo al Alto Paraná. Estaban presentes -recuerdo- también el Ministro de Agricultura Martín Cuevas y el Ministro de Hacienda Gral. César Barrientos. Hubo izamiento de bandera, canto dcl Himno y los inevitables discursos (uno mío también, breve e improvisado), y al término de todo eso se nos invitó a hacer un recorrido por la ruta que se estaba abriendo hacia el Paraná, sobre la base del trazado de la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña. El camino no era muy largo: se extendía apenas por unos 20 kilómetros; pero, ¡qué impresionante esa majestuosidad llena dc misterio, como de inmenso templo fabuloso! ¡Y qué alegría ver que el
trabajo de nuestros zapadores, espoleados por el entusiasmo del animoso Capitán Porfirio Pereira Ruíz Díaz, avanzaba vigorosamente!

A propósito de los zapadores, bueno es recordar que el brazo largo y la avanzada de la Comisión Mixta Paraguayo Brasileña, fue el Batallón que destacé el Comando de Ingeniería para abrir el tramo de más de 130 Kmts., en medio de una selva casi impenetrable, y en la cual los obstáculos no se daban solo por los un ponentes y gigantescos árboles, sino también por las fieras, la leshmaniasis y las frecuentes lluvias tropicales.

Corresponde encomiar en la persona del Capitán Pereira Ruíz Dlaz la extraordinaria y abnegada labor cumplida por aquel Batallón, que hizo la mayor arte de la ruta al Este. Participaron también en la construcción de diversos tramos del camino, destacamentos de la Artillería de Paraguarl, del R.J. 14 Cerro, Corá, del Batallón Escolta y de la 1ra. División de Caballería, General Bernardino Caballero (D.C. 1). Esta esforzada tarea de unidades de nuestras fuerzas Armadas, su silenciosa epopeya, merece el bien de la patria.

Regresé a Asunción con la euforia y el optimismo que me había dado el ver, con mis ojos, aquella realización en marcha. Conversando con el Presiden-cambiamos ideas, y él me incité a que hiciera una primera exploración a largo de las picadas auxiliares que se habían abierto según los planos de la
Comisión Mixta y que permitían ya hacer contacto con las riberas del Alto Paraná.

Sin demora, y robando tiempo al tiempo político -que por entonces tenía un ritmo muy intenso (la oposición del interior y del exterior nos acosaban sin cesar)- pocos días después emprendí por tierra mi primer viaje exploratorio. El pacto que habla recibido en mi precedente entrada, en el mundo imponente la selva, no había sido sino un breve preludio de la fascinación que ahora surgía de todo cuanto me rodeaba, de la magnitud y esplendor de aquellos bosques, abiertos por senderos que los cortaban como finos tajos en su espesura. o no sabía qué admirar más, si la altura imponente de los árboles, el rojo fresco y humedo de la tierra, o la belleza que ofrecían las mariposas, los coléopteros, los animales selváticos y las mismas fieras con los cuales íbamos ando en el camino, y tantas otras cosas nuevas y extraordinarias para otros, vistas, como se dice, “en vivo y en directo”, experiencia realmente Inolvidable.
Siempre por caminos auxiliares, que en buena parte eran caminos obrajeros, pudimos llegar a Puerto Presidente Franco, y de allí empezamos a incursionar hacia el norte, con el fin de ver qué se podría hacer en esa región, a la cual tenía que llegar alguna vez la ruta. Puerto Presidente Franco era un pequeño villorio llamado pomposamente puerto, pero era sólo un minúsculo centro, donde se embarcaban troncos y se desembarcaban provisiones para los obrajes; centro fundado y mantenido por don Vicente Matiauda, buen amigo que residía en Encarnación.

Más al norte estaba Hernandarias, en la vieja región de Tacurupucú, de la cual había tomado al principio el nombre que llevó por mucho tiempo; luego fue bautizada con el nombre ilustre del primer paraguayo que había llegado a Gobernador: Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias. Ese emplazamiento también era obra de la actividad privada, creación del esfuerzo de tanta gente que habla trabajado allí, logrando levantar pequeños oasis de civilización, refugios donde el ser humano podía ponerse a salvo del acecho de las fieras y de otras alimañas que habitaban esos inmensos bosques y hasta de la acción de la justicia. Aquel escenario era el ambiente inspirador de la dolorosa evocación
-entre realidad y leyenda- del “mensu , que se recoje hasta hoy día y que es conocida sobre todo gracias al escritor Rafael Barret. Los puntos de apoyo de la Industrial Paraguaya, de todos modos, eran entonces los únicos destellos de vida civilizada que podían encontrarse en el dilatado territorio altoparanaense de nuestro país.

Regresé a Asunción con mucho entusiasmo, e intuí la perspectiva que ofrecerían aquellos lugares cuando tuviesen caminos. Le expuse al Presidente la necesidad de hacer una fundación, anticipándonos a la llegada de la ruta. Se trataba de crear un centro emplazado a su vera y sobre la margen del río y echar las bases de una ciudad, cuyo futuro era fácil predecir, porque se situaría frente al centro brasileño de Foz de Iguazú y a poca distancia de Puerto Aguirre en territorio argentino: ¡ tres ciudades sobre tres fronteras, y la ruta desde Asunción que se estaba construyendo! El Presidente acogió la idea con calurosa aprobación y me dijo: “Eso, eso es lo que tenemos que hacer! Hágalo. Me parece muy bien”.

Por supuesto, fundar una ciudad no es cosa que se realiza como por ensalmo. Esa idea un tanto pionera era alentada entonces por el ejemplo de la construcción de Brasilia, que por otra parte era algo bien diferente, pues no se trataba, allá, sólo de fundar, sino de construir una ciudad ¡y qué ciudad! Nosotros no podíamos pretender ni de lejos realizar algo semejante; pero
fundar, fijar un sitio, un asiento, para un futuro desarrollo urbano, eso sí podíamos y fue lo que nos dispusimos a hacer en el comienzo.

Estábamos, al tiempo de esas conversaciones con el Presidente, a mediados o fines de noviembre. En los primeros días de ese mes había ocurrido un hecho político de inusitada importancia: una vasta conspiración organizada por nuestra oposición con ayuda externa y algunas complicidades internas había sido descubierta. Ese hecho puso también de manifiesto la doblez con que los representantes de nuestros opositores estaban participando en las conversaciones ofrecidas por la conjunción Gobierno-Partido Colorado, con miras a una apertura política correcta y civilizada. Nos habíamos reunido, para tal efecto, en comisión de estudio, las dos partes: el entonces Presidente del Partido Colorado, arquitecto Tomas Romero Pereira y el Ministro del Interior (que entonces era yo), en casa de Romero Pereira, con Gerénimo Riart, Presidente del Partido Liberal, y un acompañante de él, el Dr. Alejandrino Meza. Si mal no recuerdo, llegamos a tener dos reuniones y dos conversaciones antes del 4 de noviembre de 1956, cuando se descubrió y frustré el proyectado golpe de estado. En realidad, la verdadera cabeza del movimiento estaba en Buenos Aires, y es posible que los participantes, en las reuniones mencionadas, desconocieran los entretelones de la conspiración de los dirigentes que actuaban afuera y no que necesariamente fueran encubridores de lo que los suyos estaban fraguando. De todas maneras el abortado golpe pareció, en ese momento, una respuesta violenta y repudiable al gesto que ofrecía un camino conciliatorio, y motivé, naturalmente, actos policiales represivos y una serie de interdicciones que cayeron sobre la oposición, mientras se iba desdibujando la idea de liberalizar nuestro medio político. Pero, frente al hecho negativo del tentado golpe, creció y fue agigantándose en mi ánimo la voluntad de reaccionar con hechos positivos, y la idea de fundar la ciudad se me impuso de manera imperiosa. Por eso seguía hablando con el Presidente Stroessner, y mientras tanto no dejaba de ir meditando sobre la manera de llevar a cabo el proyecto.