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LITERATURA TRABAJO PRACTICO POR Victor Aguero

MARIO VARGAS LLOSA
Biografia
El gran escritor peruano es un personaje interesante por lo complejo y contradictorio de su personalidad y su carácter, los cuales son producto de lo que él mismo reconoce como "sus demonios", es decir, una serie de vivencias que lo fueron marcando -y a veces traumatizando- desde su infancia.
Serían esas mismas vivencias las que lo formarían literariamente para, al escribir, dejar salir todo aquello que desde el pasado siempre lo persiguió. Lo mismo puede decirse de su vida pública y política, también caracterizada por extremos y contradicciones que lo hicieron amar u odiar alguna causa, pero siempre con pasión, tal vez con intolerancia, como también lo reconoce.
Nació el 28 de marzo de 1936 en la ciudad de Arequipa, la segunda más importante del Perú. De muy niño viaja con su madre a Bolivia, país en donde pasa los primeros diez anos de su vida, creyendo que su padre había muerto, Creció por ello sin una idea clara de la figura paterna, siendo engreído por su progenitora y sus tías. Con una de estas últimas, Julia Urquidi, sostendría un apasionado romance, pese a ser familiares y ella ser diez años mayor que él. Posteriormente se casarían, pero la relación no duraría mucho. No obstante, dicha experiencia, como muchas otras de su vida, sería reflejada en un libro: "La Tía Julia y el Escribidor", el que no sólo sería un gran éxito editorial, sino que además, luego de unas polémicas declaraciones del escritor, llevaría a la señora Urquidi a escribir su propia versión de los hechos. "Lo que Varguitas No Dijo", libro que a su vez también fue un best seller. Encantadoras serían las mujeres de su familia, porque años después de su primera experiencia matrimonial, se casó con Patricia Llosa, prima suya , con quien ha tenido tres hijos, además, de continuar felizmente unidos hasta el presente.
A los diez años de edad sufriría un golpe que lo marcaría literaria y políticamente por el resto de sus días- su padre, el que le habían dicho que había muerto, reaparece en la vida familiar, pero no como un padre amoroso y comprensivo, sino todo lo contrario-. déspota y violento. Así perdió Vargas Llosa el paraíso.
En una entrevista hecha en el diario "La Nación" de Buenos Aires hace unos meses, él habla sobre este tema y lo hace con dolor. Ante el comentario del entrevistador, en el sentido que todavía no ha hecho la catarsis literaria de algo tremendamente traumático y doloroso para el escritor. Él responde: "es verdad, novelescamente no lo he hecho, He escrito sobre ello en "El Pez en el Agua" (libro de memorias), ahí he contado nuestra relación, dificilísima... Pero quizá es un material todavía tan lacerante que me he sentido como -inhibido para transformarlo en una novela. No lo había pensado pero si es muy posible. Es seguramente la relación más importante de mi vida, la que me ha marcado más fuerte". En esas memorias escribe: "Cuando me pegaba, yo perdía totalmente los papeles y el terror me hacía muchas veces humillarme ante él y pedirle perdón con las manos juntas. Pero ni eso lo calmaba. Y seguía golpeándome (...) Cuando terminaba y podía encerrarme en mi cuarto, no eran los golpes, sino la rabia y el asco conmigo mismo por haberle tenido tanto miedo y haberme humillado ante él de esa manera, lo que me mantenía despierto llorando en silencio.
En referencia a esto último, Vargas Llosa comenta, "Sí pues. Es que yo no había sentido nunca miedo hasta que entré en relación con mi padre, es la primera persona a la que yo tuve terror, y un terror que, creo, no desapareció nunca, incluso cuando yo era un hombre y él era un viejo, y teníamos una relación muy distante, pero a mí me intimidaba tremendamente, sobre todo la mirada, yo recuerdo siempre la mirada un poco fija, un poco amarilla, a mi me paralizaba –y creo que me ha marcado tremendamente. En otro sentido es una relación a la que seguramente yo debo mi vocación, creo que yo no hubiera tenido esa perseverancia para seguir" Como su padre aborrecía la escritura, el que el joven Mario escribiese, erauna manera de resistirlo, de enfrentarse a él, una manera cobarde, pero manera al fin.
El entrevistador le recuerda que la escritura es una forma de restitución, sobre todo en novelistas que han pasado por una percepción muy temprana y dramática de la pérdida. Que siendo niños, antes de llegar a la pubertad, tuvieron la vivencia traumática de una pérdida monumental y que por eso escriben, para restituir, para rehacer. En el caso de Vargas Llosa piensa que es evidente: en sus primeros diez años de vida era el rey de la casa y de repente. lo perdió todo. El responde, "Sí claro la felicidad, la inocencia, era un niño mimado, dueño de todo, y tenías esa relación con tu madre, que era una relación claro, conyugal, y de pronto eso se pierde, se quiebra con la llegada de mi padre (…) En mi caso es clarísimo, a los diez años hay una frontera traumática que me marca por completo y creo que mi literatura no se puede explicar sin eso desde luego".
Desde el punto de vista político, en dicha entrevista trata de, a partir de la relación traumática con su padre, explicar, justificar o tratar de hacer entender lo que piensa es su posición anti autoritaria, - lo que siempre he creído es que si mi padre no hubiera impuesto su autoridad de esa manera tan violenta, casi brutal, sobre mí probablemente yo no tendría esa resistencia visceral a toda forma de autoritarismo e imposición violenta y arbitraria, es algo que me subleva, creo que una de las pocas cosas en las que creo haber mantenido toda mi vida una coherencia política absoluta en ese rechazo digamos visceral contra la imposición autoritaria". "Al que no es muy cierto, que digamos, si vemos que por muchos años fue un defensor de la dictadura socialista de Fidel Castro en Cuba, como veremos más adelante.
El regresar de Bolivia al Perú, más específicamente a la ciudad de Piura en el norte peruano, también constituyó otro de los traumas que lo marcó " Yo recuerdo muchísimo -dice el escritor- lo que significó para mí llegar al Perú después de haber vivido mis diez primeros años en Bolivia, y entrar en el colegio en Piura y ser objeto de la burla generalizada por mi manera de hablar- yo hablaba como un serranito, pronunciaba las eses de los serranitos (adelantaba el morro para hacer una demostración práctica.), schhh., schhh schhh, y eso provocaba realmente la hilaridad de mis compañeros. iY qué angustia experimentaba yo al sentirme apestado! Me pasó cada vez que cambiaba de colegio, cada vez que cambiaba de amigos, que cambiaba de barrio. El sentirme distinto no era un motivo de orgullo, sino al contrario, de vergüenza, de complejos. Ahora más bien pienso que eso era una manifestación de independencia y que debería ser reivindicado, pero lo cierto es que no ocurre así, porque siempre hay una sanción social contra el que es diferente".
Al regresar a Lima, ingresa al Colegio Militar Leoncio Prado, experiencia que también lo marcara y a la que volcará en su Obra "La Ciudad y los Perros" (1963) que fue muy criticada en ese centro de estudios y por todo el establishment militar en sí porque se quemaron públicamente muchas copias del libro. El había sido expulsado del colegio militar y aun no son claras las razones que motivaron dicha expulsión. A fines de la década de los ochenta sería llevada al cine con mucho éxito. Antes, en 1959, habla publicado "Los Jefes".
El año 1962, influenciado por el marxismo-leninismo, publica "Crónica de la Revolución Cubana" en la que alaba la supuesta pluralidad y tolerancia de la revolución y describe en grandes términos su entusiasmo por Castro. Pasa a ser parte del Comité Editorial de la Casa de las Américas.
En 1969 se publican "La Casa Verde" y "Conversación en la Catedral' en la que pinta los tiempos de la dictadura del general Manuel Odría, quien gobernó al Perú entre 1948 y 1956. Es en esta obra que uno de los personajes hace una pregunta que se ha convertido en clásica cuando los peruanos analizan su situación, sobre todo en momentos de crisis: "¿En qué momento se jodió el Perú?".
Dos años más tarde de la publicación de esta novela, manda una suscinta a Haydeé Santamaria, directora de la revista "Casa de Las Américas", renunciando al comité editorial en protesta por los métodos usados contra compañeros forzados a firmar confesiones por "Traiciones imaginarias", y diciendo "este no es el ejemplo de socialismo que quiero siga mi país". Furibundo anti comunista a partir de entonces, se gana la enemistad de la mayoría de los escritores de la región, en especial la del colombiano Gabriel García Márquez (ganador del Premio Nóbel de Literatura en 1982, galardón al que Vargas Llosa ha postulado en innumerables ocasiones), quienes formaban parte del llamado "boom latinoamericano" y defendían a capa y espada a Castro y su revolución.
Como muestra de esa relación publica García Márquez: "Historia de un Suicidio" en 1971. En 1973 publica su exitosa "Pantaleón y las Visitadoras", que próximamente será llevada al cine. Dentro de la crítica literaria, en 1978 publica "Flaubert y Madame Bovary: la "Orgía Perpetua", y en 1981, una novela en la que trata un tema no peruano, que es la rebelión de los Canudos en Brasil a fines del siglo pasado: 'La Guerra del Fin del Mundo". Cuatro años después es publicada su "Historia de María" en la que pinta un sombrío panorama de un Perú dominado por la violencia subversiva. Y en 1986 aparece "¿Quién Mató a Palomino Molero?" En 1989 se publicaría "El Hablador", en 1993 "El Elogio de la Madrastra," polémica obra de corte erótico y en 1996 "Los Cuadernos de Don Rigoberto", también en la misma línea.
Volviendo a otras de sus actividades, en 1980 es co-fundador del Instituto Libertad y Democracia, junto al economista Hernando De Soto, con la finalidad de impulsar las ideas económicas neoliberales. Prolongaría el exitoso libro de este último, "El Otro Sendero ",
En mayo de 1980 la organización terrorista Sendero Luminoso inicia sus acciones en el Perú durante el segundo gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde Terry. Inicialmente ordena que la policía se encargue del problema. Esta es derrotada y a fines de 1982 se ordena el ingreso de
las fuerzas armadas en Ayacucho, departamento en el que se concentraban las acciones terroristas. En enero de 1983, en la lejana comunidad ayacuchana de Ucchuracay, ocho periodistas son asesinados por los comuneros de esa localidad. Belaúnde ordena una investigación y se le encarga a Vargas Llosa y a otras personas que elaboren un informe sobre lo que realmente sucedió Su informe reveló que la "guerra popular" en el Perú era mucho más complicada que la dicotomía buenos versus malos, de la que hablaban algunos. Se puede decir que esta fue su primer actuación política.
En 1987 y ya durante el desastroso gobierno de Alan García, después que éste decretara la estatización de la banca privada., Vargas Llosa y De Soto formarían el Movimiento Libertad, que no pretendía ser un partido político. Dos años más tarde ambos personajes se distanciarían cuando Vargas Llosa decide aliarse con los partidos tradicionales Acción Popular de Belaúnde y el Partido Popular Cristiano de Luis Bedoya Reyes- De Soto había captado muy bien el nuevo humor político peruano-, rechazó a esos mismos partidos tradicionales con los que se aliaba su ex socio y con los que conformaría el Frente Democrático o FREDEMO.
Su primera prueba electoral se daría en las elecciones municipales de noviembre de 1989, en las que los candidatos del gobernante partido aprista, el candidato del FREDEMO y el candidato de la izquierda, fueron derrotados fácilmente en la capital de la república por Ricardo Belmont: un exitoso empresario y hombre de televisión. Esta fiesta electoral fue la primera gran demostración que De -Soto estaba en lo correcto, pero aun así Vargas Llosa no hizo caso y decidió postular a la presidencia en las elecciones de abril de 1990.
El país estaba totalmente polarizado entre el partido aprista y el FREDEMO. Pocos dudaban que la victoria de estos últimos era algo seguro: tenían a su disposición mucho dinero y así pudieron contratar a los mejores técnicos del medio para redactar un verdadero plan de gobierno que presentar al electorado peruano. Este se asustó por la dureza de las medidas Socio-económicas que podía tomar el candidato Vargas Llosa para poder salir de la crisis en la que Alan García y Abimael Guzmán habían dejado al Perú. Una muy buena contra propaganda aprista ayudaría en ello.
Mientras tanto, un desconocido ingeniero agrario llamado Alberti Fujimori, había organizado un movimiento llamado "Cambio 90" con la sola intención de llegar al Senado. Aliado con los evangelistas y con muy pocos recursos y con una propaganda tipo "hormiga" de boca a boca pronto comenzó a subir en las encuestas. Algunos asesores de Vargas Llosa le hicieron ver lo peligroso en que devenía este nuevo fenómeno político que amenazaba con traerse abajo todo el esfuerzo y la inversión de los socios del FREDEMO, pero el arrogante candidato prefería escuchar los consejos de gente como su hijo Alvaro y Alfredo Barnechea. Estos lo hicieron mirar por encima del hombro a Fujimori
La Constitución peruana establecía que habría un candidato en primera vuelta electoral sólo si alcanzaba más del 50% de los votos válidamente emitidos. El domingo 12 de abril de 1990 se llevó a cabo esa primera vuelta, terminando Vargas Llosa y Fujimori en primero y segundo lugar, respectivamente, pero lejos del 50%.
Los apristas, la izquierda y los estratos menos favorecidos se unieron para cerrarle el paso a Vargas Llosa. Antes de la segunda vuelta electoral que se llevaría a cabo el domingo 10 de junio, ambos candidatos polemizaron por televisión. Todo el mundo creía que el escritor daría fácil cuenta de Fujimori, más no fue así. Se batió muy bien y lo derrotó por amplio margen
El candidato del FREDEMO reconoció su derrota pero en el fondo nunca le perdonó ni a Fujimori el haberlo derrotado, ni al pueblo peruano no haber votado por él. Lo mismo sucedió con su hijo Alvaro, quien ejerciendo el periodismo desde Miami, nunca dejó de atacar al gobierno de Fujimori
El 5 de abril de 1992 y ante la falta de cooperación de los parlamentarios de oposición, quienes eran mayoría en el Congreso bicameral, para derrotar a la creciente amenaza del terrorismo homicida de Sendero Luminoso y el MRTA, Fujimori tomó la drástica decisión de cerrar el Parlamento y otras instituciones que no cumplían sus funciones, como el poder judicial, el cual entró en reorganización. Los índices de aprobación a esas medidas fueron de más del 85% de las personas encuestadas a nivel nacional. Entre las principales razones que dieron para manifestar su apoyo al Presidente fue lo que consideraron la corrupción y el fracaso de la clase política tradicional. Los años venideros sólo acentuaría la tendencia en esa dirección.
Las críticas del clan Vargas Llosa, no se hicieron esperar y comenzaron a despotricar contra el gobierno peruano desde diversas tribunas periodísticas de América y Europa. No obstante que nadie le impedía volver a nuestro país, decidió no solo radicarse definitivamente en España, sino que aun más, adoptó la ciudadanía de ese país. Entre los argumentos que expuso para tomar esa medida fue el de un supuesto plan de Fujimori para quitarle la nacionalidad peruana, algo que sí hizo en ocasiones el gobierno militar que gobernó el Perú entre 1968 y 1980. En el caso que nos referimos era imposible hacerlo porque lo prohibía la Constitución aprobada en un referéndum a fines de 1993. El escritor pretendió armar un escándalo internacional sin fundamento alguno y, ya afincado en Europa, de vez en cuando se dedicó a atacar a Fujimori.
Lo que muchos, muchísimos peruanos no lo perdonaron fue la posición que asumió durante la guerra no declarada que enfrentó al Perú y al Ecuador a principios de 1995. Los hechos; se produjeron porque tropas ecuatorianas se habían asentado en territorio peruano de la zona del Río Cenepa. Como las fuerzas armadas peruanas habían estado casi quince años abocados a combatir a los homicidas terroristas, había descuidado lo referente a una eventual amenaza externa. Nuestro material de guerra probó ser obsoleto porque no sólo no se le había renovado, sino que por lo agudo de la crisis en la que Alan García dejó al país, su mantenimiento fue deficiente ello fue la mejor prueba que el Perú pudo dar al mundo que no habíamos iniciado ese conflicto fraticida, sino que había sido el Ecuador, país que desde la derrota que le infligimos a inicios de 1981 en la zona de la Cordillera del Cóndor, decidió prepararse con ahínco para la venganza, aprovechando que estábamos completamente abocados a la problemática de combatir al terrorismo.
No obstante, los Vargas Llosa no lo creyeron cierto. El 8 de febrero de 1995, el escritor publicó en el diario "El País" de España un artículo titulado "La Guerra Absurda", en el que afirmaba que dicho conflicto respondía a una maniobra del gobierno de Fujimori para distraer la atención sobre los problemas que tenía, diciendo que "el momento elegido para tratar de desalojar de las orillas del Río Cenepa a los intrusos, fue oportuno para los aprendices de brujo del régimen". Según el autor, Fujimori había descendido diez puntos en las últimas encuestas y a dos meses de las elecciones del 9 de abril necesitaba utilizar electoralmente ese problema de frente externo. EI ciudadano común y corriente criticó duramente a Vargas Llosa no entendiendo su actitud anti peruana. Podía entender que tuviera una posición discordante y crítica con el gobierno de Fujimori, porque así es la democracia, pero no podía entender el que criticara a su gobierno en medio de una guerra absurda que los peruanos no habíamos desatados, sino en la que éramos agredidos. Vargas Llosa recibió duras críticas incluso de personas que habían colaborado estrechamente con él dentro del FREDEMO.
A partir de entonces, sus críticas contra Fujimori se han centrado en el supuesto carácter "dictatorial" del mismo. Por ejemplo, el 5 de noviembre de 1996 dijo que en América Latina "no se puede bajar la guardia" " porque hay "fuerzas oscurentistas, retrógradas, qué quisieran volver al pasado, llamar a los hombres fuertes, sacar tanques y acabar con la democracia". Admitió que la política de Fujimori "ha conseguido algunos logros, pero en lo político ha significado una marcha atrás en el proceso de democratización".
En el colmo de los colmos, el 25 de abril de 1997, declaró que el éxito de la Operación "Chavín de Huántar" que rescató con vida a 71 de los 72 personas que el MRTA tuvo de rehenes por más de cuatro meses, sería utilizado por el gobierno de Alberto Fujimori para limpiar las "manchas" de su régimen, al que calificó de facto, autoritario y violatorio de los derechos humanos". Dos semanas más tarde, el 7 de mayo, afirmó que "la mejor manera de ayudar a los peruanos es ayudarlos a liberarse de el presidente Fujimori". También consideró que éste "ha consolidado su dictadura"
En menos de un mes después, señaló en una entrevista, que América Latina se ha ido democratizando en los últimos años pero lamentó que las excepciones sean Cuba y Perú, donde detrás de la fachada de un presidente civil se esconde una dictadura, la fuerza bruta un Congreso servil y una pequeña oposición para dar una apariencia de pluralismo; el sistema dictatorial con un maquillaje democrático". Tales afirmaciones no son ciertas porque en el Perú, que sí existe una democracia constitucional, a diferencia de Cuba. Existe no sólo una oposición democrática, sino que ésta expresa sus opiniones a través de la total libertad de prensa que existe en el Perú.
El 24 de agosto de ese mismo año siguió vertiendo sus críticas venenosas contra el gobierno peruano, apuntando sus baterías contra el presidente Fujimori y "la cúpula militar que mantienen el control del poder en el país", tras supuestamente, haber convertido al Perú en una dictadura y en una "república bananera". Siguió en la misma línea política, a pesar de permanecer alejado de nuestro país. Al regresar al Perú para recibir una distinción académica, sus críticas no cesaron en esa oportunidad, ni han cesado después.
Definitivamente, una cosa es el Mario Vargas Llosa escritor, el eterno candidato al Premio Nóbel de Literatura, y otra es el que pretende hacer política siendo a veces desleal para con la tierra que lo vio nacer, como se comprobó a principios de 1995 durante la guerra que el Ecuador inició.
El está en todo su derecho de hacer política, de financiar políticos e incluso de volver a la palestra política, pero que lo haga respetando la verdad histórica y no falseando hechos ni denigrando personas.
Sin duda su enorme inspiración, puede dejar para la historia de las letras del Perú, una página de gloria que Vargas Llosa, se encarga diariamente en opacar.
Obras:
Novela
La ciudad y los perros. Seix Barral, 1963. La ciudad y los perros se desarrolla en un colegio militar, el Leoncio Prado de Lima, en el que las condiciones de vida son tremendamente duras, por tanto por la obligación y observancia del código castrense como por la asunción de otro código no escrito impuesto por los cadetes, alumnos del internado, que no es otro que el de la ley de la selva: devorar para no ser devorado. Aunada a la brutalidad propia de la vida militar, a lo largo de las páginas de esta extraordinaria novela, la vehemencia y la pasión de la juventud desvocan en una furia, una rabia y un fanatismo que anulan toda sensibilidad.Vargas Llosa fija su mirada desolada en la fuerte jerarquía piramidal que impera en el colegio, microcosmos de la sociedad limeña, donde la humillación, la traición, la violencia, la explotación y la degradación humanas son la garantía para que cada estrato de la pirámide conserve sus privilegios. Todas las contradicciones de la sociedad peruana, incluidos los problemas de la raza, en el colegio conviven los blancos de la clase acomodada, los blancos pobres, los cholos, los serranos, los indios…, afloran con rabia e impotencia en esta novela testimonial en la que el escritor, aferrado en ese momento a las tesis sartrianas del compromiso del intelectual realiza un retrato social y político, una descripción de las condiciones de vida en el Perú que ponen de manifiesto la corrupción y la brutalidad de su sociedad.
Los personajes de la novela: Alberto, el poeta que tantos rasgos comunes tiene con el propio autor, el cruel Jaguar, el medroso Esclavo, víctima de la perversidad y de su propio miedo, Teresa la muchacha sobre la que todos proyectan sus fantasías… han quedado como prototipos de un universo adolescente, indefinido, en el que las dudas, los temores, los conflictos y las humillaciones conforman un mundo derrotado y ácido con el que Vargas Llosa realiza su propia reflexión sobre la condición humana. (Alfaguara)


La casa verde. Seix Barral, 1966
Conversación en La Catedral. Seix Barral, 1969
Pantaleón y las visitadoras. Seix Barral, 1973.
La tía Julia y el escribidor. Seix Barral, 1977
La guerra del fin del mundo. Plaza y Janés-Seix Barral, 1981.
Historia de Mayta. Seix Barral, 1984
¿Quién mató a Palomino Molero? Seix Barral, 1986.
El hablador. Seix Barral, 1987.
Elogio de la madrastra. Tusquets, 1988.
Lituma en los Andes. Planeta, 1993.
Los cuadernos de don Rigoberto. Alfaguara 1997.
La fiesta del Chivo. Alfaguara. 2000
Cuento
Los jefes. Ediciones Rocas, 1959
Los cachorros. Pichula Cuéllar. Lumen, 1967.
Ensayo
Carta de batalla por Tirant lo Blanc, 1969.
Gabriel García Márquez: historia de un deicidio. Barral, 1971.
Historia secreta de una novela, Tusquets, 1972.
El combate imaginario. La carta de la batalla de Joanot Martorell. Ensayo en colaboración con M. de Riquer. Barral, 1973.
La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary. Seix Barral-Taurus, 1975.
Contra viento y marea (1962-1982). Seix Barral, 1983.
Contra viento y marea III. Seix Barral, 1990.
La verdad de las mentiras. Seix Barral,1990.
El pez en el agua. Seix Barral, 1993.
Desafíos a la libertad. El País-Aguilar, 1994.
El lenguaje de la pasión. Alfaguara. 2000
Teatro
La señorita de Tacna. Seix Barral, 1981.
Kathie y el hipopótamo. Seix Barral, 1984.
La Chunga. Seix Barral, 1986.
El loco de los balcones. Seix Barral, 1993.
Ojos bonitos, cuadros feos, 1996.

Premios
Mi vocación debió nacer al conjuro de aquella otra vida que me revelaron los cuentos de los abuelos o de la tía abuela Elvira la Mamaé, en Cochabamba, cuando era pequeño y déspota de pantalón corto que por lo visto exigía historias con principio y fin por cada cucharada de sopa"
-Mario Vargas Llosa
Discurso de aceptación del Premio Cervantes 1994

En 1959 gana el Premio Leopoldo Alas por Los Jefes, instituido por un grupo de médicos de Barcelona. En 1962 obtiene el Premio Biblioteca Breve de la Editorial Seix Barral con su obra La ciudad y los perros. Con esta misma novela obtiene en 1963 el Premio de la Crítica Española y el segundo puesto del premio mundial Prix Formentor.En 1967 obtiene los premios Nacional de Novela del Perú, el Premio de la Crítica Española y el Rómulo Gallegos por su novela La Casa Verde. Por el dinero de éste último surgió un problema con la Revolución Cubana, de la que el escritor era adepto hasta entonces.En 1975 ganó el Premio Latinoamericano de Literatura por Pantaleón y las visitadoras, compartido con Jorge Luis Borges; en marzo de ese año es elegido miembro de número la Academia Peruana de la Lengua y dos meses después es nombrado Presidente del Pen Club Internacional, cargo que desempeñó hasta 1979.
En 1977 es nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y ocupa la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. En 1982 recibe el Premio del Instituto Italo Latinoamericano de Roma por su novela La tía Julia y el escribidor. En 1985 gana el Premio Ritz París Hemingway (dotado de 50 mil dólares) por su novela La guerra del fin del mundo. El novelista donó luego el dinero del premio, que recibiera en Francia de manos de la actriz Catherine Deneuve.En 1986 gana el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (España), compartido con Rafael Lapesa.
En 1988 recibe la Medalla de Oro de las Américas otorgado por David Rockefeller y el Premio Libertad (Suiza) otorgado por la Fundación Max Schmidheiny a personas y entidades que se muestran en sus obras a favor de un orden político. En 1989 recibe el Premio Scanno (Italia) por su novela El hablador.
En 1990 gana el Premio Castiglione de Sicilia (Italia) al mérito a su obra novelística y es nombrado Profesor Honoris Causa de la Universidad Internacional de Florida en Miami.
Es también Doctor Honoris Causa de la Universidad Hebrea de Jerusalén, del Connecticut College en Estados Unidos, del Queen Mary College, de la Universidad de Londres y de la Universidad de Boston.
En 1993 obtiene el Premio Planeta por su novela Lituma en los Andes.
Doctor Honoris Causa de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala, 8 de mayo de 1993)
E1 24 de marzo de 1994 es elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
En 1994 le fue otorgado el Premio Literario Arzobispo San Clemente de Santiago de Compostela por Lituma en los Andes.
Recibe el Premio Cervantes (España, 1994).
En 1995 le fue concedido el Premio Jerusalén.
Doctor Honoris Causa de la Universidad de Murcia, que creó además el Premio de Novela "Mario Vargas Llosa" y el Premio de Cuento "Lituma" (España, octubre de 1995).El Gremio de editores y libreros alemanes le otorga el Premio de la Paz. Con este galardón se rinde homenaje al escritor siempre comprometido con su país (5 de octubre de 1996).En abril de 1997 se le otorga el Premio Mariano de Cavia, que concede el diario ABC, por su artículo «Los inmigrantes», publicado en El País el 25 de agosto de 1996.
Visitante Ilustre de la ciudad de Buenos Aires
Doctor Honoris Causa de la Universidad de Lima (Perú, 1997)
Pluma de Oro otorgada por el Club de la Escritura, Madrid (España, octubre 1997)
Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (Perú)
Medalla y Diploma de Honor de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa, Perú
En 1998 la crítica estadounidense le concede el Premio National Book Critics Circle en su modalidad de ensayo por su libro Making waves.
Doctor Honoris Causa de la Universidad de Ben Gurion (26 de mayo de 1998, Israel)Premio El Casandra a la mejor obra teatral extranjera de 1998 por su obra teatral La Chunga (República Dominicana, 1999)En 1999 obtiene el Premio José Ortega y Gasset por su artículo "Nuevas Inquisiciones" publicado en el diario El País.Premio Menéndez y Pelayo por el conjunto de su obra (Santander, España,1999)Doctor Honoris Causa en la Universidad de Harvard (E.E.U.U., 1999)Premio Jorge Isaacs en Cali (Colombia, octubre 1999)Nombrado Socio de Honor de Círculo de Lectores de Madrid (España, octubre de 1999)Nombrado Hijo ilustre de Arequipa (jueves 28 de enero del 2001)
Miembro de honor del Colegio de Abogados de Lima (17 de enero del 2001)Profesor Honorario de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (Lima, 3 de abril del 2001)Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, alma mater del novelista (¡por fin! Fecha por confirmar)























Gabriel García Marqués
“He sido capaz de escribir porque Mercedes llevó el mundo sobre sus espaladas”
“El secreto de la felicidad es hacer sólo aquello con lo que uno disfruta”.
Gabriel García Márquez nace el 6 de marzo de 1928, en Aracataca, un pueblo de la costa atlántica colombiana.
“Gabo”, como se le conoce cariñosamente, fue el mayor de una familia numerosa de doce hermanos, que podríamos considerar de clase media: Gabriel Eligio García, su padre, fue uno de los numerosos inmigrantes que, con la “fiebre del banano”, llegaron a Aracataca en el primer decenio del siglo XX.. Su madre, Luisa Santiaga Márquez, pertenecía, en cambio a una de las familias eminentes del lugar: era hija del coronel Nicolás Márquez y de Tranquilina Iguarán, que no vieron con buenos ojos los amores de su hija con uno de los “aventureros” de la “hojarasca” (como se llamaba despectivamente a los inmigrantes), que desempeñaba el humilde oficio de telegrafista. Por eso, cuando tras vencer múltiples dificultades, Gabriel Eligio y Luisa Santiaga consiguieron casarse, se alejaron de la familia y se instalaron en Riohacha. Sin embargo, cuando tenía que nacer su primer nieto, sus padres convencieron a Luisa Santiaga de que diera a luz en Aracataca. Poco después Gabriel Eligio y Luisa Santiaga regresaron a Riohacha, pero el niño se quedó con sus abuelos hasta que, cuando tenía ocho años, murió el abuelo, al que García Márquez consideró siempre “la figura más importante de mi vida”.
De esos primeros ocho años de “infancia prodigiosa” surge lo esencial del universo narrativo y mítico de García Márquez, hasta el punto de que, con alguna exageración, ha llegado a decir: “Después todo me resultó bastante plano: crecer, estudiar, viajar... nada de eso me llamó la atención. Desde entonces no me ha pasado nada interesante”. Lo que sí es cierto es que los recuerdos de su familia y de su infancia, el abuelo como prototipo del patriarca familiar, la abuela como modelo de las “mamas grandes” civilizadoras, la vivacidad del lenguaje campesino, la natural convivencia con lo mágico... aparecerán, transfigurados por la ficción, en muchas de sus obras ( La hojarasca, Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera ...) y el mundo caribeño, desmesurado y fantasmal de Aracataca se transformará en Macondo, que en realidad era el nombre de una de las muchas fincas bananeras del lugar y que según unos alude “a un árbol que no sirve pa un carajo” y según otros “a una milagrosa planta capaz de cicatrizar heridas”.
Como el propio novelista explica: “Quise dejar constancia poética del mundo de mi infancia, que transcurrió en un casa grande, muy triste, con una hermana que comía tierra y una abuela que adivinaba el porvenir, y numerosos parientes de nombres iguales que nunca hicieron mucha distinción entre la felicidad y la demencia”.
El paralelismo entre algunas circunstancias biográficas de García Márquez con algunos elementos de Cien años de soledad resulta evidente. Veamos algunos:
 Su abuelo, como José Arcadio Buendía, fue uno de los fundadores de Aracataca. En la
novela se nos cuenta que José Arcadio, abandona su pueblo al verse continuamente hostigado por el fantasma de Prudencio Aguilar, al que se vio obligado a matar por un problema de honor. Con veintún compañeros, José Arcadio Buendía cruza la cordillera y funda Macondo. La fundación de Aracata, tal como Nicolás Marquez se la contaba a su nieto es muy parecida. También su abuelo había matado de muy joven a un hombre y “cuando no podía soportar la amenaza que existía contra él en ese pueblo, se fue lejos con su familia y fundó un pueblo”. A Gabo le solía decir siempre: “Tú no sabes como pesa un muerto”.
· Nicolás Márquez era un sobreviente de las dos últimas guerras civiles y, como aquél tenía una larga progenie de “hijos de la guerra”, todos de edades parecidas, que se alojaban en su casa cuando estaban de paso por el pueblo y que doña Tranquilina recibía como propios. Como es evidente, Nicolás Márquez es asimismo el modelo del coronel Aureliano Buendía que “promovió treinta y dos guerras y las perdió todas. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisietes mujeres distintas, que fueron exterminados en una sola noche. Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento”.
· Úrsula Iguarán se inspira en la abuela Tranquilina – que no sólo presta su apellido a Úrsula, si no que, al igual que el personaje, murió ciega y loca. Tranquilina Iguarán es, efectivamente, el modelo de muchos de los personajes femeninos de García Márquez que Vargas Llosa define así: “un caso ejemplar de la mater familias, matriarca medieval, emperadora del hogar, hacendosa y enérgica, prolífica, de temible sentido común, insobornable ante la adversidad, que organiza férreamente la vida familiar a la que sirve de aglutinante y vértice”.
· La inmensa y asombrosa casa de los abuelos la reencotraremos en las solidas y tristes mansiones de su mundo narrativo: la casa de la Mama Grande, de los Asís, de los Nasar y, indudablamente, de los Buendía. García Márquez la recuerda así: “En cada rincón había muertos y memorias, y después de las seis de la tarde la casa era intransitable. Era un mundo prodigioso de terror (...) En esa casa había un cuarto desocupado donde había muerto la tía Petra. Había un cuarto donde había muerto el tío Lázaro. Entonces, de noche no se podía caminar en esa casa porque había más muertos que vivos”.
En 1936 tras vivir un breve tiempo con sus padres en Sucre –donde Garbriel Eligio regentaba una farmacia- lo envían a estudiar bachillerato a diferentes internados: primero en Barranquilla y, durante más tiempo, en Zipaquirá, lugar del que guarda recuerdos sombríos y dolorosos y donde, paralizado por la nostalgia de Aracataca, nunca llegó a integrarse. De ese periodo y de ese lugar cuenta García Márquez: “Zipaquirá era una ciudad fría, con techos de teja desagastada, y el colegio, un gran internado donde vivíamos doscientos trescientos niños... Los sábados y los domingos había salida, pero yo no me movía del edificio porque no quería enfrentarme con la tristeza y el frío del pueblo. Durante esos años pasé encerrado la totalidad de las horas libres despachando libros de Julio Verne y Emilio Salgari”. Seguramente, esos años de soledad, reclusión y lectura fueron decisivos para su futura vocación de escritor que, según Mario Vargas Llosa, es como una “solitaria” que atenaza el espíritu.
En 1947, García Márquez se instala en Bogotá y empieza a estudiar derecho. Sus impresiones de Bogotá no son mejores que las de Zipaquirá: con sus “cachacos” que siempre “andaban de negro, parados ahí con paraguas y sombreros de coco, y bigotes”, la capital le parece “gris y yerta”, “asfixiante”, sinónimo de “aprehensión y tristeza”. Con estros rasgos describirá a Bogotá cuando raramente aparezca en su mundo ficción.
Aunque estudia los cinco cursos de Derecho –algunos en Bogotá y otros en Cartagena, donde se había trasladado su familia y donde se hace amigo del poeta Álvaro Mutis- no llega a graduarse, porque, según confiesa, “me aburría a morir esa carrera”. Lo más importante de ese periodo es el encuentro con alguna de las personas más decisivas de sus vida –especialmente, Camilo Torres, el que luego será cura guerrillero cruelmente asesinado y Plinio Apuleyo Mendoza, desde entonces uno de sus amigos más íntimos. Otro circunstancia importante es que, en Bogotá, empieza a escribir, para el periódico El Espectador, sus primeras obras: diez cuentos, de los que abjurará después, que constituyen su “prehistoria” como escritor. También es remarcable que García Márquez participase, como otros muchos estudiantes, en las manifestaciones surgidas a raíz del “bogotazo”: el asesinato en 1948 de Jorge Eliecer Gaitán, político progresista aspirante a la presidencia de la república. El asesinato de Gaitán desencadena una escalofriante y larga oleada de violencia (casi trescientos mil muertos entre 1948 y 1962) que tendrá su reflejo en la literatura de García Márquez y de otros escritores, como Fernando Garrido y Álvaro Mutis, hasta el punto de que la narativa colombiana de estas décadas ha sido designada como “literatura de la violencia”.
Pronto, García Márquez abandona los estudios de Derecho: en un viaje a Barranquilla conoce a un grupo de periodistas que le fascinan y decide instalarse allí y orientar totalmente su vida al periodismo, por lo que empieza a trabajar de columnista en “El Heraldo”, y a la literatura: se instala en un cuartucho ínfimo de un bloque de cuatro pisos llamado “el Rascacielos” y allí empieza a escribir su primera novela, La hojarasca.
Gabo se integra en el llamado “Grupo de Barranquilla”, que se reúne en el “Café Happy” y el “Café Colombia”. Miembros del “Grupo de Barranquilla” son: Germán Vargas, Álvaro Cepeda y Alfonso Fuenmayor, periodista de “El Heraldo” de gran formación intelectual, al que García Márquez le debe el descubrimiento de los autores que más tarde se convertirán en sus modelos literarios: Kafka, Joyce y, muy especialmente, Faulkner, Virginia Woolf, y Hemingway. A las tertulias del “Café Colombia” acude también Ramón Vinyes, un viejo catalán republicano, escritor, ex-librero y profesor de un colegio de señoritas, al que García Márquez homenajeará en “el sabio catalán”, junto a sus tres amigos, en las últimas páginas de Cien años de soledad.
En Barranquilla, García Márquez conocerá a Mercedes Barcha, quien más tarde se convertirá en su compañera de toda la vida.
En 1954, convencido por Álvaro Mutis, García Márquez regresa a Bogotá. Allí, de nuevo para El Espectador, trabaja como reportero y crítico de cine. Ese periodo de apasionada dedicación al periodismo, dejará posteriormente huella en su literatura. Como señala Vargas Llosa, de allí proviene en buena medida su fascinación “por los hechos y personajes inusitados, la visión de la realidad como una suma de anécdotas” y “las virtudes de concisión y transparencia de estilo” de sus mejores libros, en los que narra con la precisión de un cirujano. Esta simbiosis de literatura y periodismo es clara en algunas sus obras narrativas publicadas, Relato de un náufrago (1955), Crónica de una muerte anunciada (1981), Noticia de un secuestro (1997).
Desde ese momento, García Márquez no abandonará nunca su actividad periodística y posteriormente será colaborador habitual en periódicos de Colombia, Venezuela, México, España y Estados Unidos.
En 1955, García Márquez va por primera vez a Europa como corresponsal de El Espectador. El que tenía que ser un breve viaje para alejarlo de las iras gubernamentales desencadenadas por la publicación de El relato de un náufrago, se convierte en una estancia de más de cuatro años: Ginebra, Roma –donde, además de cubrir la información de la enfremedad de Pío XII, se matricula en el “Centro Sperimentale de Cinematografía”- y finalmente París. Al poco de llegar a Francia, recibe la noticia de que El Espectador había sido clausurado y un cheque para el pasaje de regreso. Pero García Márquez, que había decidido seriamente ser escritor, decide quedarse en París. Afrontando grandes penalidades económicas (“Estuve viviendo durante cuatro años de milagros cotidianos”) y trabajando, como explica Vargas Llosa, “a diario, con verdadera furia, desde que oscurecía hasta el amanecer”, escribe La mala hora (1961) y paralelamente, a partir de un episodio que se le desprendió de esa obra, una de sus mejores novelas: El coronel no tiene quien le escriba (1958).
Con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza hace un viaje a los países del Este (Alemania Oriental, Checoslovaquia, Polonia, Rusia...) y luego escribe diez reportajes (al más célebre lo tituló “90 días en la Cortina de Hierro”) que quieren ser fundamentalmente objetivos, pero que contienen una serie de valoraciones contradictorias de adhesión y crítica, lo que demuestra la sinceridad e independencia de su opinión.
En 1958, tras una estancia de dos meses en Londres, decide regresar a América, entre otras cosas porque sentía que se le “enfriaban los mitos”. Primero se instala en Venezuela, donde su amigo Plinio Apuleyo Mendoza le había conseguido trabajo de redactor en la revista Momentos. Al poco de llegar a Caracas, es testigo del bormbardeo aéreo y del asalto al Palacio presidencial, hechos que concluirán días después con el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez.
Estos hechos, especialmente la imagen, según cuenta Vargas Llosa, de la huida de “un oficial con una ametralladora bajo el brazo y con las botas embarradas” y la entrevista que le hizo al que, durante 50 años, había sido mayodormo de Palacio, sirviendo a varios presidentes y dictadores, serán decisivos en la gestación de un proyecto literario que empieza a obsesionarle: escribir una novela de tiranos, que reflexione sobre “el misterio del poder” y la capacidad de fascinación hipnótica de los tiranos. Otras experiencias recientes se imbrican con las que está viviendo en Venezuela y le ayudan a entender los mecanismos de la dictadura: el poder supremo del sumo pontífice en Roma, la fanática pervivencia del culto a Stalin que, cuatro años después de la muerte del dictador, había palpado en Moscú... Tardará 17 años en hacer realidad ese proyecto en la quinta de sus novelas: El otoño del patriarca (1975).
En un viaje relámpago a Barranquilla, se casa con su novia Mercedes Barcha, con la que pronto tiene dos hijos, Rodrigo (que nació en Bogotá en 1959) y Gonzalo (que nacería en México tres años más tarde).
Aunque su actividad periodística en Venezuela es muy intensa, García Márquez no abandona el quehacer literario: escribiendo sólo los domingos, redacta casi todos los cuentos de Los funerales de la Mama Grande (1961).
En 1960, tras el triunfo de la Revolución Cubana, vive seis meses en la Habana, trabajando para Prensa Latina, agencia de noticias que dirige el periodista argentino, amigo del Ché Guevara, Jorge Ricardo Massetti. Prensa Latina fue creada por el gobierno cubano para contrarrestar la propaganda contra Cuba. Meses antes, García Marquez había creado la sede de Prensa Latina en Bogotá. En Prensa Latina participan, además de su inseparable amigo Plinio Apuleyo Mendoza, otros destacados intelectuales como el argentino Roberto Walsh y el novelista uruguayo Juan Carlos Onetti. Uno de los grandes éxitos de Prensa Latina es interceptar y descifrar un informe donde se daban detalles del desembarco armado americano en Playa Girón. Llegaron a averiguar el lugar exacto donde la CIA preparaba la operación: una hacienda de Retahulheu (Guatemala).
En 1961 se instala en Nueva York como corresponsal de Prensa Latina. Se trata de un trabajo apasionante –por fin García Márquez dispone de un sueldo fijo y puede ejercer el periodismo con plena independencia, lejos de los monopolios capitalistas de opinión- pero es también un trabajo agotador y de mucho riesgo: es el momento más álgido de la campaña anticastrista y las continuas amenazas de la CIA y de los exiliados cubanos le hacen temer por la seguridad de su familia. No será por esto, sin embargo, por lo que García Márquez renunciará a Prensa Latina: dimitirá en solidaridad a Massetti, a quien, tras el ascenso del sector más sectario y burocrático, es alejado de la dirección de Prensa Latina.
García Márquez decide establecerse en México, y probar suerte con la tercera de sus aficiones: el cine. Pero antes de abandonar Estados Unidos, recorre el sur de su admirado Faulkner. De ese viaje, que emprende sin apenas dinero, escribirá: &#8220;Son veinte días de ruta infernal por carreteras marginales, ardientes y tristes...Son veinte días de carretera, alimentándonos con leche malteada, con hamburguesas, conociendo en Atlanta un áspero rostro de los Estados Unidos (no querían recibirnos en los hoteles porque creían que éramos mexicanos) y leyendo, en otro pueblo del Sur, un letrero que decía: <Prohibida la entrada de perros mexicanos>&#8221;.
Cuando descubre que es muy difícil abrirse camino en el mundo del cine, se encarga, aunque sin escribir una sola línea, de la organización de dos revistas de gran tiraje: una revista de señoras, La Familia y otra de crímenes sensacionalistas, Sucesos. Más tarde, trabaja en el mundo de la Publicidad.
A partir de 1963, García Márquez consigue por fin trabajar como guionista. Su primer guión, El gallo de oro, lo escribe en colaboración con Carlos Fuentes a partir de un cuento de Juan Rulfo. (Dos años después, García Márquez y Fuentes volverán a trabajar juntos en la adaptación cinematográfica de Pedro Páramo, lo que demuestra la admiración que ambos sienten por la escueta e intensísima obra del silencioso escritor mexicano).
Otros trabajos de guionista de García Márquez son: Tiempo de morir de Arturo Ripstein (aparentemente una esquemática película de &#8220;charros&#8221;, pero que contiene ya algunas de las obsesiones de García Márquez: la venganza, la muerte, el destino trágico, la soledad...), H.O. también con Ripstein; Patsy, mi amor y una adaptación de su cuento &#8220;En este pueblo no hay ladrones&#8221;. Aunque García Márquez dice no estar satisfecho de ninguno de sus trabajos cinematográficos, considera que su decepcionante experiencia en el mundo del celuloide le fue de gran utilidad, pues paradójicamente le ayudó a tomar conciencia de las limitaciones del cine (que hasta este momento consideraba &#8220;el medio de expresión perfecto&#8221;) y a entender por fin &#8220;que las posibilidades de la novela son ilimitadas&#8221;.
Sin esa convicción, tal vez García Márquez no hubiera superado nunca ese periodo de sequía literaria (de 1961 a 1965 no escribió ni una sola línea de creación), consecuencia de un íntimo &#8220;sentimiento de fracaso&#8221; respecto a la obra que había escrito hasta ese momento. Así lo describe el crítico Emir Rodríguez Monegal en 1964: &#8220;Entonces García Márquez era un hombre torturado, un habitante del infierno más exquisito: el de la esterilidad literaria&#8221;.
Gabo escapa de ese &#8220;infierno&#8221; con la escritura de la que, seguramente, es la más importante de sus obras: Cien años de soledad (1967), lo cual sólo fue posible cuando, casi como en en un &#8220;milagro&#8221;, sabe de repente con qué técnica y con qué procedimientos ha de escribir la historia de ese Macondo y de ese universo mítico de su infancia que le obsesionan desde sus inicios como escritor.
La &#8220;revelación&#8221; tuvo lugar un día de enero de 1965 mientras conducía su Opel por la carretera de México a Acapulco. Inesperadamente para el coche y le dice a Mercedes: &#8220;¡Encontré el tono! ¡Voy a narrar la historia con la misma cara de palo con que mi abuela me contaba sus historias fantásticas, partiendo de aquella tarde en que el niño es llevado por su padre a conocer el hielo!.
García Márquez decide encerrarse a escribir su novela de Macondo y los Buendía. Logra reunir cinco mil dolares (los ahorros de la familia, las ayudas de sus amigos, especialmente de Álvaro Mutis) y le dice a Mercedes que mientras tarde en escribir su novela se ocupe de todo y no lo moleste bajo ningún concepto. Cuando después de 18 meses de duro trabajo concluye Cien años de soledad, Mercedes le espera con una deuda doméstica que sobrepasa los 10.000 dolares. Para enviar el manuscrito de Cien años de soledad a Buenos Aires, concretamente a la Editorial Sudamericana de Francisco Porrua, deben empeñar los tres últimos objetos de un cierto valor que les quedan: una batidora, un secador de pelo y la estufa.
Cien años de soledad aparece en junio de 1967. El éxito es fulminante: en pocos días se agota la primera edición y en tres años se venden más de medio millón de ejemplares. Según Vargas Llosa, &#8220;el éxito resonante deja a García Márquez mareado y algo incrédulo&#8221;, aunque feliz porque por fin puede dedicarse exclusivamente a escribir.
De 1968 a 1974 vive en Barcelona: quiere alejarse &#8211;aunque inútilmente- de la persecución cada vez más agobiante de la fama y palpar el ritmo de la vida cotidiana en una dictadura (aquí se viven los últimos años del franquismo), pues se ha decidido por fin a convertir en novela esa imagen que le persigue desde hace diecisiete años: un déspota viejísimo se queda sólo en un palacio lleno de vacas.
En 1975 aparece por fin El otoño del patriarca, que, escrita según la técnica del monólogo múltiple (voces diferentes que cuentan, desde perspectivas diferentes, la misma historia) es para García Márquez &#8220;mi libro más experimental y el que más me interesa como aventura poética. También el que me ha hecho más feliz&#8221; .
Entre Cien años de soledad (1967) y El otoño del patriarca (1975) escribe algunos cuentos y un guión de cine, a partir de un episodio desgajado de Cien años de soledad, que finalmente se convierte en una novela breve: La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada (1972).
Desde 1974, García Márquez alterna su residencia entre México, Cartagena de Indias, La Habana y París. Desde esos años, tan difíciles para América Latina, García Márquez es consciente de su resposabilidad como intelectual de prestigio: estrecha lazos de amistad con mandatarios de tendencia progresista (Fidel Castro, Torrijos, Carlos Andrés Pérez , los sandinistas, últimamente, Hugo Chávez...), se convierte en embajador extraoficial del continente, lucha activamente en defensa de los derechos humanos...
En 1981 escribe Crónica de una muerte anunciada, novelando unos hechos reales acaecidos en Sucre durante su juventud y asumiendo por primera vez el papel de narrador. Al escribir Crónica de una muerte anunciada, García Márquez contraria a su madre que le había pedido que no escribiera una historia en la que intervenían tantos parientes, al menos mientras la madre del hombre que inspiró a Santiago Nasar siguiera viva.
Ese mismo año, en pleno lanzamiento de Crónica de una muerte anunciada, el gobierno conservador lo acusa de financiar al grupo guerrillero M-19. García Márquez se ve obligado a pedir asilo político en la embajada mexicana y abandona Bogotá en medio de un gran escándalo. Meses después, ya en 1982, le conceden el Premio Nobel de literatura.
En la ceremonia del Nobel, viste con una guayabera caribeña blanca y lleva en la mano un rosa amarilla, símbolo de Colombia y su amuleto personal (Mercedes coloca cada día una en su mesa de trabajo). Elige como tema musical el Intermezzo interrotto de Bela Bartok. Su discurso de agradecimiento es un canto de amor a América Latina. Entre otras cosas dijo:
&#8220;Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíbles nuestra vida. Éste es el nudo de nuestra soledad&#8221;.
Concluyó formulando un deseo: el de &#8220;una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra&#8221;.
Con parte de los 157 mil dolares que gana con el Nobel, decide &#8220;fundar un diario en Colombia con periodistas menores de treinta años, para que adquieran el oficio como se debe. Un diario destinado a exaltar los valores fundamentales del hombre, sin banderías&#8221;. En homenaje a un cuento de Borges decide llamar al periódico El otro, aludiendo con ello a su &#8220;otra&#8221; vocación y personalidad.
Involucra en el proyecto a dos de sus grandes amigos: a Rodolfo Terragno, fundador de El diario de Caracas y el novelista argentino Tomás Eloy Martínez. El proyecto, sin embargo, morirá antes de nacer, como dice García Márquez, &#8220;asfixiado por la literatura&#8221;. Una noche inquieta (a García Márquez le preocupa encontrar el tono adecuado para El otro: ¿un realismo mágico sembrado de adjetivos restallantes? ¿la precisión de cirujano de sus crónicas políticas?) sueña con &#8220;una novela en la que un viejo de 80 vive una historia de frenesí sexual con una vieja de 70&#8221;. El demonio de la literatura le ha entrado otra vez en el cuerpo y sabe que ya no puede escapar de él.
Cuando todo está preparado para la aparición de El otro, les dice a sus amigos: &#8220;Instálense en Bogotá y empiecen a trabajar. Yo tengo que encerrarme a escribir la novela sobre los viejos&#8221;. Sus amigos, obviamente, se niegan (¿cómo El otro de García Márquez se va a escribir sin García Márquez?) y el García Márquez novelista se instala en la mágica Cartagena de Indias, donde, en &#8220;un periodo de felicidad casi completa&#8221; escribe la historia de Florentino Ariza y Fermina Daza, en la que recrea el difícil noviazgo de sus padres: El amor en los tiempos de cólera (1985).
En 1986 cumple una vieja deuda con la tercera de sus pasiones: promueve la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y funda -con la ayuda del director argentino Fernando Birri, al que conocía desde sus años en Italia- la Escuela de cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. Allí cada año, García Márquez dirige un taller de guión, donde diez jóvenes inventan conjuntamente una historia. A los mejores alumnos se los lleva a México para trabajar en otro taller de guiones, éste profesional: realizan guiones para la televisión y, con parte de los beneficios, consiguen fondos para financiar la Fundación y la Escuela.
En Cómo se cuenta un cuento (1995) relata una de las experiencias del taller de guión: inventar una historia que pueda ser contada en formato de media hora. El guión &#8220;Me alquilo para soñar&#8221; -que primero fue uno de los doce Cuentos peregrinos (1992)- es uno de los frutos de ese taller de guión, que fruto del trabajo conjunto de García Máqrquez, el cineasta brasileño Doc Comparato y diez jóvenes enamorados del cine y de la litera
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